Las elecciones primarias, una catástrofe para socialistas y conservadores en Francia

La experiencia de las elecciones primarias ha sido un catastrófico fracaso para el Partido Socialista y para la derecha francesa, que han elegido a unos candidatos que solo representaban a las familias más minoritarias de sus respectivos electorados, en detrimento de los electores mayoritarios de izquierda y derecha.

A la izquierda, todos los historiadores del PS han subrayado siempre este principio cardinal: «Los congresos socialistas se ganan a la izquierda. Las elecciones se ganan al centro».

Tras la renuncia del presidente François Hollande a presentarse a la reelección, hundido en los sondeos de opinión, la primaria socialista (Primaire citoyenne en la terminología oficial) debía elegir entre siete candidatos, representantes de todas las familias y sensibilidades socialistas.

Dos de esos candidatos, Manuel Valls, ex primer ministro, y Arnaud de Montebourg, ex ministro de economía, eran las personalidades más populares e influyentes fuera del PS, encarnando dos líneas claras y definidas: el social reformismo realista (Valls) y la izquierda con experiencia en la gestión económica (Montebourg).

Valls había sido el político más popular de Francia durante un par de años. Montebourg encarnaba una izquierda con ribetes nacionalistas.

Hamon, a la izquierda de la izquierda
Frente a ellos, Benoît Hamon no tenía ni experiencia ni popularidad. Pero hizo una campaña a la izquierda de la izquierda, prometiendo romper con el reformismo atribuido a la pareja Hollande-Valls y con el Pacto Fiscal europeo, presentándose como el candidato del «socialismo auténtico».

Fue elegido candidato oficial del PS, con el 58,69% de los votos de la segunda vuelta. Valls, hiperfavorito, fue eliminado con el 41,31%. Resultado final: Hamon ha ofrecido al socialismo francés la derrota más catastrófica de su historia, con el 6,35% de los votos de la primera vuelta presidencial.

Al centro y la derecha se repitió una aventura muy semejante. En la Primaire française de la droite et du centre, François Fillon era uno de los cinco candidatos marginales (con Nathalie Kosciusko-Morizet, Bruno Le Maire, Jean-Frédéric Poisson y Jean-François Copé), que debían competir con dos pesos pesados: Nicolas Sarkozy (a la baja, víctima de un rosario de escándalos) y Alain Juppé, alcalde de Burdeos y figura histórica del conservadurismo francés, favorito nacional.

Con una experiencia de 30 años, al frente del primer partido de la derecha, ex primer ministro y ex ministro (economía, asuntos exteriores, etc.), Juppé no podía olvidar que para ganar la elección presidencial francesa, en el duelo final es necesario contar con todos los votos de una familia y algunos votos de las familias próximas. Solo con una campaña «ecuménica» es posible conseguir un poco más del 50% de los votos nacionales. Y, consciente de tal evidencia, Juppé hizo una campaña «centrada», defendiendo un modelo de derecha orgullosa de sus valores pero «abierta» al centro.

Consciente de que era minoritario, Fillon intentó la aventura de la «ruptura» con un programa «todo a la derecha». Los 4,4 millones de votantes en la primaria conservadora eligieron el programa más «radical», en detrimento del candidato con más experiencia, más implantación, más «ecuménico» y con mejor cota de opinión en todos los sectores sociales.

Resultado final: Fillon (19,94% en la primera vuelta) ha perdido los electores moderados; y sus electores conservadores tradicionales se han dividido entre la tentación ultra (Nicolas Dupont-Aignan, 4,73% de los votos) y la tentación de la extrema derecha (Le Pen, 21,43%). Muchos de los electores de centro tradicional han preferido votar a Emmanuel Macron (23,86%).

Sin duda, las «cacerolas» de Fillon (los 900.000 euros cobrados por su esposa Penelope por un presunto empleo como asistenta parlamentaria) han influido en su derrota. Pero el «pecado» original data de la elección primaria de finales de noviembre pasado, que eliminó al mejor candidato potencial (Alain Juppé) a favor del candidato que ofrecía promesas tan «radicales» como finalmente desastrosas para su propia familia política.

Pedro Sánchez, en un acto con militantes en Granada- Efe
Otros fracasos de primarias

España: Sánchez lleva al PSOE a sus peores resultados. Un desconocido Pedro Sánchez se hizo en 2014 con la Secretaría General del PSOE tras imponerse en la votación entre los militantes y al año siguiente fue el candidato a la presidencia del Gobierno al ganar las primarias. Sánchez cosechó sucesivamente el peor resultado de la historia del PSOE en 2015 y 2016.

Reino Unido: Corbyn, el candidato soñado por May. Jeremy Corbyn fue escogido líder laborista en 2015 en primarias. Su línea errática ha propiciado una ventaja en los sondeos de 24 puntos para la conservadora Theresa May, que ha aprovechado para convocar elecciones.

EE.UU.: el populismo se instala en la Casa Blanca. Las elecciones primarias, que en EE.UU. gozan de amplia tradición, han aupado este año a la Casa Blanca a Donald Trump, un candidato populista que buscaba liquidar los pilares del Partido Republicano por el que se presentó. Su comienzo de mandato ha sido uno de los más convulsos que se recuerdan.

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